Aplicar la gestión del riesgo en nuestras inversiones

Formación

Para tener éxito a la hora de negociar con divisas, vamos a tener que aprender a gestionar el riesgo. En la negociación de divisas, solo existe un riesgo por el que tenemos que preocuparnos: perder dinero. Esto puede parece algo evidente, pero la gestión del riesgo es una de las cuestiones que más se pasa por alto en el mundo la negociación con divisas. 

La mayoría de los operadores concibe los mercados de divisas como una máquina tragaperras; simplemente deciden cuánto se pueden permitir perder, y le dan al botón de negociar. Sin embargo, si queremos obtener beneficios a largo plazo en nuestra inversión, vamos a tener que dejar aparcada esta mentalidad de estar jugando a ver si nos toca el premio gordo. Si bien es cierto que siempre hay alguno que gana por todo lo alto en el casino, la mayoría de los jugadores se vuelve a casa con los bolsillos vacíos. Como se suele decir, la banca siempre gana. Su negocio se basa en obtener una ventaja estadística sobre sus numerosos clientes. Este es el tipo de ventaja que hay que buscar si queremos tener éxito en la negociación con divisas.  

Para poder lograr este tipo de ventaja estadística, debemos adoptar una estrategia que controle las pérdidas. Da igual la fe que tengamos en nuestros juicios como operador; nadie gana el 100% de las veces. Incluso si ganamos el 90% de las veces, si apostamos demasiado fuerte en el 10% restante en el que no ganamos, podemos salir perdiendo. Aquí es donde se aplica la gestión del riesgo. Si aplicamos una estrategia de inversión que sea independiente de nuestra intuición como operador, podremos salir con vida cuando nuestra intuición no esté en lo cierto. Si controlamos las pérdidas, podremos incrementar las posibilidades de obtener beneficios a largo plazo.

Una de las técnicas de gestión de riesgos más sencillas y efectivas es dosificar los importes. Digamos, por ejemplo, que disponemos de 20.000 dólares en nuestra cuenta de negociación. Si quisiéramos arriesgar el 10% de la cuenta en cada operación, y perdiéramos 19 veces seguidas, nos quedaríamos con tan solo 3.000 dólares en la cuenta (unas pérdidas del 85%). Sin embargo, si arriesgáramos en cada operación el 2% de los 20.000 dólares, y tuviéramos la misma racha de pérdidas, aún tendríamos cerca de 14.000 dólares en la cuenta (unas pérdidas de tan solo el 30%). Queda clara por tanto la diferencia que supone para nuestra cuenta el hecho de arriesgar pequeñas cantidades en cada operación. Si perdiéramos el 85% de la cuenta, tendríamos que obtener unos beneficios del 586% del saldo restante para recuperar todas las pérdidas (una proeza nada desdeñable, especialmente para un operador que acaba de tomar 19 decisiones equivocadas seguidas). Está claro que perder 19 veces seguidas es una racha de mala suerte bastante extraordinaria; pero estas cosas pasan. E incluso aunque solo perdiéramos unas pocas veces seguidas, este principio seguiría siendo aplicable.

Cuanto más dinero perdemos, más porcentaje del saldo restante habrá que dosificar, para lograr compensar las pérdidas. Por ejemplo, si perdiéramos el 50% de nuestro saldo, tendríamos que dosificar el 100% del saldo restante para compensar las pérdidas. Y si siguiéramos perdiendo, tendríamos que poner más dinero tan solo para poder compensar las pérdidas; una táctica conocida como "recuperar pérdidas". Huelga decir que ésta no es la mejor forma de actuar para hacerse rico en el mercado de divisas, pero puede que le sorprendiera lo generalizada que está esta práctica entre los operadores, y particularmente aquellos sin experiencia. La única manera para sobrevivir a las pérdidas y contar con buenas posibilidades de obtener beneficios a largo plazo es arriesgar pequeños porcentajes de la cuenta en cada operación.